
Soy Cristina. Y siempre he sido de las que prefiere hacerlo a que se lo hagan.
De pequeña tenía una pizarra magnética con letras de plástico. Un día descubrí que podía quitarles el imán de detrás y pegarlo a cualquier cosa.
Así que me puse a pintar, recortar y pegar.
Y más de 20 años después aún conservo alguno de aquellos imanes.
Creo que siempre he sido un poco así: veo algo que me gusta y pienso ¿y si lo hago yo? Con los años descubrí que muchas de las cosas que yo pensaba que eran habilidades normales para el resto de los mortales las había aprendido precisamente así, haciendo. Tocando materiales, utilizando herramientas, probando técnicas, equivocándome.
Por eso, si tengo que montar un mueble, arreglar algo o inventarme cómo hacer que una cosa funcione, no suelo pensar “yo no sé hacer esto”.
Pienso: ya encontraré cómo. Y esa forma de mirar las cosas me ha acompañado hasta aquí.

Nunca he sido una sola cosa.
Estudié ilustración y diseño.
He trabajado para proyectos sociales, marcas nacionales y empresas locales. He dibujado, diseñado, organizado, pensado, construido y acompañado proyectos desde la primera idea hasta lo que ocurre cuando esa idea llega a alguien.
Pero durante mucho tiempo tuve la sensación de ser demasiado y nada a la vez.
Me interesaban demasiadas cosas, demasiado diferentes.
Y no tenía una única pasión a la que dedicarle toda mi vida.
En estos últimos años he entendido que no era obligatorio elegir.
Que también podía inventarme una forma de trabajar que dejara lugar a todo eso. Y entonces apareció despaacio.

Un lugar al que yo querría ir.
Despaacio empezó, en parte, porque no soportaba la idea de pasarme la vida en un empleo repetitivo, con una persona que decidiera por mí cuáles eran mis tareas y mi espacio de trabajo.
Así que hice algo bastante sencillo: inventé el lugar al que yo querría ir. Un sitio donde pudieran pasar cosas diferentes.
Donde un día pintemos, otro día cosamos, otro vendamos ropa, otro conozcamos a alguien nuevo.
Un lugar al que vienes sin saber muy bien qué va a pasar y te marchas habiendo descubierto algo.
Algo sobre el mundo.
Sobre otras personas.
O sobre ti.

Y como quería que fuera mi casa, lo hice como mi casa.
Pinté la pared principal con más miedo que vergüenza.
Hice las cortinas.
Coloqué algunos cuadros y plantas.
Puse música.
Y siempre hay té.
Cuando abro la puerta suele haber algo para beber, algo para picar y, sobre todo, una regla:
no me pidas permiso para usar las cosas.
Estás en tu casa.
Para mí despaacio también es eso.
Un lugar donde bajar un poco la guardia.
Donde sentirte cómodx.
Donde nadie espera que llegues sabiendo.

No te pido hacerlo bien
Me interesa mucho más lo que pasa mientras hacemos algo que el resultado final.
Por eso no necesitas experiencia.
Ni talento.
Ni saber dibujar.
Ni tener una idea brillante.
El mejor punto de partida es tener ganas.
Yo estoy ahí para observar, provocar, acompañar, hacer preguntas, ayudarte a desbloquearte cuando haga falta y celebrar contigo hasta los errores.
No quiero decirte cómo tienes que hacerlo.
Quiero ayudarte a encontrar cómo quieres hacerlo tú.
Y, si después de una tarde aquí descubres que puedes hacer algo que pensabas que no podías, para mí ya ha pasado algo importante.

Creo que necesitamos hacer más cosas porque sí
Vivimos rodeados de cosas que tienen que servir para algo.
Trabajar para producir.
Comprar para consumir.
Descansar para volver a trabajar.
Y a veces hasta hacer algo que nos gusta termina siendo una tarea pendiente. Yo creo que necesitamos recuperar un poco la presencia.
Mirar.
Encontrarnos.
Hacer cosas sin que tengan que ser útiles. Dar espacio a lo bonito, a lo feo, a lo terminado y a lo que sale regular.
Volver a expresarnos.
Y recordar que el arte no es un don con un cartel de reservado.
No es un lujo.
No es cosa de niños.
No es cosa de mujeres.
Y no es algo de lo que podamos prescindir.
Para mí, crear es una forma de estar viva. De estar conectada con lo que me rodea. De atravesar las cosas, incluso cuando dan miedo

Cuando nadie mira, canto mucho
Bailo mucho
Lloro mucho
A veces las tres cosas casi a la vez.
Me gusta observar a los animales, dormir muchísimo, pasar tiempo con mis amigas, mis hermanas, mi pareja y mis gatas.
Me gustan las cosas que ocurren delante de nuestros ojos cuando nos paramos a mirarlas.
Como un pájaro bañándose.
O una taza que lleva demasiado tiempo esperando a ser lavada y empieza a crear vida.
Me gustan las personas curiosas, detallistas, comprometidas.
Y me gusta rodearme de gente que no tiene miedo de compartir lo que sabe.

Al final, creo que todo esto va de lo mismo
De atrevernos a probar.
De descubrir que somos capaces de más de lo que pensábamos.
De encontrar nuevas formas de hacer las cosas.
De construir espacios donde otras personas también puedan hacerlo.
Y de sentir que lo que ocurre aquí también nos pertenece un poquito.
Despaacio es mi casa.
Y mi cielo.
Y si hay algo que he aprendido haciendo todo esto es que, aunque a veces no sepamos exactamente cómo, es posible.
Y eso me parece una razón bastante buena para empezar